12/06/2015
Infografía jubileo de la misericordia
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10/30/2015
Panoptismo
Panoptismo[1]
Por Rogelio Vega
Focault
comienza el capítulo hablando sobre las medidas que eran adoptadas cuando se
declaraba la peste en una ciudad. Le llaman la atención los estrictos controles
con lo que la autoridad sometía a la población y piensa que se trata de un
control perfecto pero difícilmente replicable en situaciones ordinarias. Con el
brote de peste, la ciudad se convierte en “un espacio cerrado, recortado,
vigilado en todos los puntos, en el que los individuos están insertos en un
lugar fijo, en el que los menores movimientos se hallan controlados, en el que
todos los acontecimientos están registrados, en el que un trabajo de escritura
ininterrumpido une el centro y la periferia, en el que el poder se ejerce por
entero de acuerdo a una figura jerárquica continua , en el que cada individuo
está constantemente localizado,
examinado y distribuido entre los vivos , los enfermos y los muertos, todo esto
constituye un modelo disciplinario”.
El autor
francés afirma que el sistema arquitectónico penitenciario panóptico
desarrollado por el inglés Jeremy Benthan permite ejercer un control similar al
que es ejercido en tiempos de peste. El principio panóptico es conocido: “en la
periferia, una construcción en forma de anillo; en el centro, una torre con anchas
ventanas que se abren en la cara interior del anillo. La construcción
periférica está dividida en celdas, cada
una de ellas de las cuales atraviesa todo el ancho de la construcción. Tienen
dos ventanas, una hacia el interior, correspondiente a las ventas de la torre,
y otra hacia el exterior, que permite
que la luz atraviese la celda de lado a lado. Basta entonces situar un
vigilante en la torre central y encerrar en cada celda a un loco, un enfermo,
un condenado, un obrero o un escolar.
Por el efecto de contraluz, se pueden percibir desde la torre,
recortándose perfectamente sobre la luz, las pequeñas siluetas cautivas en las
celdas de la periferia. Tantos pequeños teatros como celdas, en los que cada
actor está solo, perfectamente individualizado y constantemente visible. El
dispositivo panóptico dispone de
unidades espaciales que permiten ver sin cesar y reconocer inmediatamente”.
La
disposición de las ventanas de la torre de vigilancia permite que el sistema
funcione ya que desde fuera no pueden ser observados los movimientos del
vigilante. La persona que se encuentra encerrada sabe que puede ser vista
aunque no sabe exactamente en que momento.
Focault afirma que “Bentham ha sentado el principio de que el poder
debía ser visible e inverificable” (…)
el que está sometido a un campo de visibilidad, y que sabe que lo está,
reproduce por su cuenta las coacciones del poder; las pone en juego
espontáneamente sobre sí mismo; inscribe en sí la relación de poder en la cual
juega simultáneamente los dos papeles; se convierte en el principio de su
propio sometimiento”. Las personas
terminan comportándose por si mismas de la forma que el vigilante espera sin
necesidad, muchas veces, de que haya vigilante.
Debido a que
las personas en las celdas están aisladas unas de otras y se saben vigiladas,
es posible utilizar este mismo tipo de diseño como laboratorio de pruebas en el
que se pueden asignar distintas terapias, métodos de trabajo, castigos,
procesos de enseñanza, etc sin temor a que las actuaciones se vean viciadas por
la imitación de los demás. El que mira desde la torre puede registrar los
distintos resultados obtenidos bajo diferentes estímulos. La estructura panóptica obtiene resultados
tanto para presos como para enfermos (mentales), chicos en proceso de educación,
obreros y también en la sociedad.
Focault habla
de que la escuela, la iglesia y la policía son herramientas de poder que actúan
de manera similar a la torre de vigilancia dentro del contexto social y que
hacen que los ciudadanos, al saberse observados constantemente, se comporten de
la misma forma que lo harían si estuvieran sometidos a estrictos controles
(como los que se ejercían cuando aparecía la peste en una ciudad) sin necesidad
de tanto montaje. Saber que existe un cuerpo de policía que vigila de manera
constante o que el comportamiento familiar quedará descubierto en la escuela o
la Iglesia, hace que los ciudadanos se porten bien.
El sistema
panóptico aplicado a la sociedad garantiza economía (pocas personas pueden
vigilar a muchas); eficacia (previene muchos comportamientos indeseables);
funcionamiento continuo (la población se siente observada permanentemente) y
mecanismos automáticos (la gente se comporta bien).
El sistema
garantiza que no habrá abusos por parte de la autoridad pues, los que ejercen
la vigilancia, al ser pocos y estar en un punto visible, pueden estar también
sometidos a vigilancia por la autoridad superior. “De hecho, toda institución
panóptica, así sea tan cuidadosamente
cerrada como una penitenciaría, podrá sin dificultad estar sometida a
esas inspecciones, a la vez aleatorias e incesantes; y esto no sólo de parte de
los inspectores designados sino de parte del público. (…) No hay peligro, por
consiguiente, de que el aumento de poder debido a la máquina panóptica pueda
degenerar en tiranía”.
“El
panoptismo es el principio general de una nueva “anatomía política” cuyo
objetivo y fin no son la relación de soberanía sino las relaciones de
disciplina”. Se trata de lo que Focault llama la “disciplina-mecanismo: un
dispositivo funcional que deber mejorar el ejercicio del poder volviéndolo más
rápido, más ligero, más eficaz, un diseño de las coerciones sutiles para una
sociedad futura”, un mecanismo de presencia omnipresente pero invisible.
[1] Tomado del capítulo 7 del
libro Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión de Michael Focault. Siglo
XXI Editores, Madrid 2009.
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6/06/2015
Marketing Político, una consecuencia de la democracia mediática
Cada vez que el ciclo
electoral de las democracias comienza un nuevo periodo somos testigos de un
esfuerzo de comunicación que tiene como objetivo el que en el momento en el que
el ciudadano acuda a las urnas para emitir su voto, éste sea favorable para algún
candidato o partido determinado. Mítines y debates así como propuestas,
discursos, promesas y descalificaciones de los candidatos o de los líderes
partidistas comienzan a llenar los espacios públicos de las ciudades y los
espacios informativos de los medios de comunicación.
Los partidos y políticos
enfrentan, durante el proceso electoral, un fenómeno semejante al de las
empresas comerciales ya que así como los clientes, en medio de una variada
oferta de posibilidades y marcas, toman
la decisión de adquirir un producto o contratar un servicio así los electores
harán, el día de las votaciones, una elección para elegir a quien los
gobernará. Enric Casi, quien fuera director General de Mango afirma que “quién
actúe de forma correcta y sepa gestionar adecuadamente su reputación, tendrá un
factor de diferenciación y de posicionamiento muy importantes respecto a otras
marcas y organizaciones”.
En las empresas, la
gestión de la reputación en buena medida se lleva a cabo mediante campañas
publicitarias o de marketing que buscan persuadir a los clientes de que
determinada compañía o producto tiene mayores atributos que los que ofrece la
competencia. Los que se dedican al marketing saben que un mal producto, aunque
tenga una excelente campaña publicitaria, difícilmente podrá sostenerse en el
largo plazo pues el consumidor puede “caer” la primera vez pero luego de una
mala experiencia, difícilmente volverá a consumir el producto e incluso hará
mala propaganda de él.
En las campañas
políticas los productos ofertados son los partidos, los candidatos y los
proyectos de gobierno. Hay electores que emitirán su voto por un partido
político sin importar quienes sean los candidatos; otros electores elegirán en
función de la persona del candidato y, finalmente habrá quienes busquen
solucionar un determinado problema y votarán por el candidato o partido que se
los ofrezca.
Para influir en la
decisión de un votante y conseguir su voto en favor de determinado candidato,
los partidos políticos han de conocer las necesidades de los ciudadanos y qué
es lo que les mueve a votar. Entre la
lista de estas razones de elección encontramos simpatías, antipatías,
esperanzas, temor, afinidad, lealtad a un partido (voto duro) e incluso imitación de lo que, se piensa, hará la
mayoría como cuando Vicente Fox, durante su campaña presidencial, comenzó a
decir “ya ganamos”. El mensaje de algunos otros slogans políticos nos permite ejemplificar lo anterior:
“López Obrador: un peligro para México”, campaña presidencial 2006;
“Felipe Calderón: Presidente del Empleo”, campaña presidencial 2006;
“El cambio verdadero
está en tus manos”, AMLO, campaña presidencial 2012;
“Me la voy a Jugar por la seguridad de tu familia” Cuauhtémoc
Blanco, Campaña por la presidencia municipal de Cuernavaca 2015.
Detrás de cada una de
estas frases, se encuentran equipos de marketing político que investigan las
necesidades y el sentir de la población y ofrecen un “candidato a la medida”
que satisface esas necesidades. No se trata de un fenómeno nuevo, ya en 1927,
E. Bernays en su libro “Propaganda”
decía que “el primer cometido del asesor en relaciones públicas consiste en
analizar los problemas de su cliente y cerciorarse de que su producto goza de
la aceptación del público o existe al menos la posibilidad de lograrla. Es
inútil tratar de vender una idea o preparar el terreno para un producto falto
de la necesaria solidez”, de ahí la importancia, que en toda campaña política
tienen, las encuestas de opinión o intención de voto en las que se mide la
aceptación que en ese momento tiene la imagen del candidato y su partido. El
trabajo de las personas que realizan las
campañas se parece, en buena medida, al trabajo del técnico que se encuentra
frente a una consola de audio y va calibrando el volumen, los agudos, los
graves…, buscando llegar al balance perfecto para hacerlo agradable al oído.
Las campañas políticas se reinventan día a día en función de la percepción
–favorable o desfavorable– que manifiesta el ciudadano y que queda plasmada en
las encuestas antes mencionadas.
Además de un producto
adecuado, la teoría del Marketing Mix de las cuatro P´s (Precio, Producto,
Plaza y Promoción) de Jerome McCarthy, ampliamente estudiada y difundida por
Phillip Kottler, habla de que es necesario un canal de Promoción adecuado que llegue
al mercado meta o público objetivo. Aunque ciertamente existe una segmentación
de los electores según zonas geográficas, canales de acceso, etc,; por la
amplia penetración social con la que cuentan la Radio y la Televisión ofrecen
la posibilidad de llegar a públicos masivos de todos los estratos sociales de
un país y eso
motiva que los partidos políticos prefieran estos canales de comunicación, por
encima de otros.
Con la llegada de
Internet, no podemos dejar de lado, la amplia cobertura que pueden llegar a
tener, en una campaña política, los medios electrónicos los cuales han probado
ser capaces de colocar a un candidato en la Casa Blanca tal como sucedió
con Barack Obama en 2008 en una campaña
manejada principalmente desde Redes Sociales.
Hoy en día la mayoría de
los votantes no tienen acceso directo a los candidatos y terminan “conociendo”
la imagen que transmiten los medios de comunicación que ha sido construida por
publicistas y mercadólogos políticos. El tiempo reducido de las campañas, la
pluralidad de candidatos y partidos así como la inmediatez con la que pueden
reaccionar los ciudadanos y las limitaciones mismas de los canales mediáticos,
obligan a que todas las imágenes y mensajes de las campañas políticas sean
cuidadosamente seleccionados, estudiados
y trabajados para generar empatía con los ciudadanos.
Sigue siendo actual lo que decía Bernays en el
libro anteriormente citado “hoy en día, los sucesores de los soberanos, los
líderes que alcanzan el poder en virtud de su posición o habilidad, (…) tienen
que lograr la aprobación de las masas, por lo que recurren a la propaganda, una
herramienta que resulta cada vez más poderosa cuando se trata de lograr esa
aprobación. Por lo tanto, la propaganda ha llegado para quedarse”.
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5/29/2015
¿Está destinada la TV a perpetuar el stablishment? ¿En qué escenarios, contexto y con qué incentivos la TV podría ser una herramienta para provocar cambios?
Habría que comenzar diciendo que
la pregunta que se hace no es limitativa para la TV sino, en general, podría aplicarse
a cualquier otro medio de comunicación. Sin embargo, al ser la televisión un medio
de alta penetración social, parece que vale la pena tratarla de modo
independiente.
Para responder a estas interrogantes
parece necesario hacer otras tres preguntas que permitan establecer un marco
referencial: ¿Cuál es el motivo por el que a los grupos de poder les interesa
la TV?; ¿Por qué a un canal televisivo le puede interesar acercarse a los
grupos de poder? y finalmente, ¿Cuándo
puede dejar de interesar a un canal de TV un grupo de poder de tal manera que
busque cambiar el stablishment?
La respuesta a la primera
pregunta sobre el motivo por el cual al stablishment
le interesa mantener una relación favorable con la TV nos lleva a pensar en el
nivel de audiencia que ésta tiene. Estudios de INEGI de 2013 recogen que el
94.9% de los hogares mexicanos tienen TV mientras que sólo el 30.7% cuentan con
conexión a Internet. La radio, que se encuentra en segundo lugar de penetración,
en 2014 llegaba al 73.3% de los hogares mexicanos.
Tener acceso a la prácticamente
totalidad de los hogares de nuestro país coloca a las televisoras en la
posibilidad de generar opinión pública –favorable o desfavorable– respecto a la
situación del país y de los grupos de poder o influencia. No podemos olvidar
que eso que suele llamarse “opinión pública” muchas veces
sólo es la opinión de pocas personas que teniendo el canal de transmisión y la
posibilidad de repetir la misma idea una y otra vez llega a convertirse en vox populi. Por mimetismo la gente
termina hablando de lo que lee en la prensa, de lo que ve en televisión y oye
por la radio.
Noelle
Newman define en algún momento a la opinión pública como aquellas “opiniones
sobre temas controvertidos que pueden expresarse en público sin aislarse”. Para
la autora de La Espiral del Silencio,
los seres humanos ordinariamente no estamos dispuestos a pagar el precio de
pensar diferente y, como consecuencia, aislarnos del resto de nuestros
congéneres. Nuestras opiniones muchas veces se adaptan a la opinión de la mayoría
o a lo políticamente correcto. González Quirós en Repensar la Cultura expresa esta idea de una forma similar cuando
dice que “hay una tendencia bastante natural a pensar que lo que es verdad es
aquello en lo que coinciden muchos, todos idealmente, porque, esencialmente, la
verdad es un lugar de encuentro”. ¿Quién define lo políticamente correcto, lo
que la gente “debe” pensar y en lo cual ha de coincidir? Sin duda quien tiene
capacidad de repetir mensajes una y otra vez de manera convincente y cuenta con
acceso a un gran número de personas: quien maneja “la lógica del raiting” como diría Jenaro Villamil.
Responder a la segunda pregunta
nos lleva a analizar el modelo de negocio que prevalece detrás de un canal de
televisión cuyos fines son prevalentemente económicos y dejan utilidades a sus accionistas.
Los grupos de poder, por su parte,
pueden otorgar beneficios de diversa índole a los grupos televisivos los cuales
les permiten obtener ventajas y mejores resultados económicos. No podemos dejar
de considerar que entre los grandes millonarios del mundo y del país encontramos
nombres y apellidos vinculados al mundo de la comunicación y de la televisión
tales como Robert Murdoch, dueño de Fox o, en nuestro país, las familias
Azcárraga y Salinas propietarias de Televisa y TV Azteca respectivamente.
A los grupos de poder de un país
les interesa que la opinión pública les sea favorable y están dispuestos a
pagar a las televisoras por spots de sus campañas políticas, de los resultados
obtenidos durante un periodo de tiempo o la difusión de mensajes que les
resultan oportunos para conseguirlo. Si la televisora accede a privilegios de
parte de los grupos dominantes y recibe grandes sumas económicas difícilmente estará
dispuesta a pronunciarse negativamente de ellos perdiendo así todos esos
beneficios, por eso será difícil que tome la iniciativa de promover un cambio.
La tercera pregunta resulta
oportuna ya que podrían presentarse
circunstancias que orillaran a una televisora a comenzar a inclinar la balanza
hacia un cambio en el stablishment
cuando:
·
La
televisora pudiera sentirse amenazada en sus intereses. La experiencia nos dice
que no hay animal más peligroso que aquel que se siente acorralado.
·
Exista
una mayor conveniencia económica ya sea porque la conformación de un nuevo stablishment pudiera redituar mejores
condiciones para la televisora o bien por compromisos adquiridos con algunos
grupos con los que se tienen lealtades pactadas que aportan buenos dividendos.
Un ejemplo de este segundo caso es presentado en la película “La Dictadura
Perfecta” dirigida por Luis Estrada en la que se pretende mostrar la forma como
la TV puede aliarse al stablishment y
perpetuarlo o cambiarlo de manos.
·
Los
directivos de la televisora aspiraran a establecerse como actores de gobierno o
pretendieran impulsar a alguien;
·
Existen
principios ideológicos contrarios al stablishment.
Aunque en principio cabría esta posibilidad no parece muy frecuente que sean los
ideales los que mueven a los grandes empresarios de la industria televisiva.
El establishment hace referencia a grupos
de poder existentes en cada época. Las televisoras brindan apoyo a estos grupos
generando opinión pública y reciben a cambio privilegios y beneficios
económicos. Mientras esos privilegios son rentables para las empresas,
difícilmente promoverán un cambio. La experiencia histórica nos indica que esos
grupos de poder están en constante evolución y transformación: cambian de
tiempo en tiempo adecuándose a los intereses sociales, culturales y, sobre
todo, políticos del momento con la ayuda de los grupos de poder mediático los
cuales, en ciertas circunstancias, inclinan la opinión pública para exigir un
cambio.
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4/01/2015
Krautreporter un nuevo periodismo
Frente
a un entorno en el que los cambios
sociales, culturales y económicos influyen hacer periodismo en el S. XXI
implica nuevos desafíos. Tres factores pueden resultarnos de utilidad en el
análisis:
En
primer lugar la proliferación de dispositivos electrónicos, cada vez con
mayores posibilidades de conectividad y recursos, ha llegado a tal punto que
ahora prácticamente la mitad de la población en México tiene a la mano una
videograbadora, una cámara fotográfica, un procesador de textos y un canal
abierto de comunicación para subir en tiempo real todo aquello con lo que se va
topando a Internet en un mismo aparato. Ante esta situación, muchas personas se
han planteado si se estará volviendo obsoleto el trabajo periodístico pues, en
teoría, cuando detrás de cada ciudadano hay un potencial periodista, la
existencia de esta profesión deja de ser necesaria.
En
segundo lugar, el modelo de negocio de la industria de la información también
ha ido configurándose de manera diferente a como había venido operando
prácticamente desde sus orígenes. La inversión publicitaria, pilar importante
de la sustentabilidad de los medios está migrando hacia otros lados poniendo en
riesgo a la industria de la información. Con la llegada de la era digital y de
Internet, pareciera que el gran público ya no está dispuesto a pagar por los
contenidos como antes lo hacía. En la práctica, se puede estar bien informado
del diario acontecer sin invertir casi recursos en ello.
Finalmente,
un tercer aspecto que observamos es que la calidad de la información que
recibimos ha ido disminuyendo. Es frecuente enterarnos que publicaciones con
mucho prestigio estén migrando hacia formatos digitales y adaptando sus
contenidos a las nuevas plataformas mucho más visuales y reducidas que los
espacios que antes tenían. La famosa sentencia de McLuhan se cumple ya que el
nuevo medio digital está configurando al mensaje.
Las
reacciones ante esta nueva configuración del periodismo han hecho que los
profesionales de la información busquen nuevas alternativas para aprovechar los
modernos escenarios de mayor conectividad, recursos económicos limitados y
superficialidad de la información. En la primavera de 2014, surgió en Alemania
el proyecto Krautreporter, un medio
de comunicación digital sin publicidad financiado en su totalidad por lectores
que se resisten a limitarse a las breves y, muchas veces, superficiales
noticias que son habituales en los medios de comunicación contemporáneos.
El
modelo de negocio que sostiene a Kratreporter
se basa en ofrecer una alternativa profesional, llevada a cabo por periodistas
profesionales que buscan ir al fondo de las noticias haciendo investigación
periodística, cosa muy difícil de conseguir cuando lo que priva es la nota del
día o la información gráfica. A diferencia de los medios tradicionales que se
enfocan en la noticia del día o del momento, los periodistas de Krautreporter han decidido enfocarse al
fondo más que a la cantidad y publicar unas cuantas noticias cada día. Los temas de investigación han sido
seleccionados por el equipo periodístico que arrancó el proyecto aunque no
descartan que, con el tiempo, los temas de investigación puedan ser sugeridos
también por los suscriptores consiguiendo así un medio en el cual los lectores
escogen los temas de investigación y pagan a los periodistas por investigar los
temas que son de su interés.
El
financiamiento del proyecto se basa en lo que se conoce como crowdfunding, mecanismo que permite a
los usuarios hacer aportaciones vía Internet. Los 25 periodistas que iniciaron
el proyecto sabían que para que el proyecto fuera viable económicamente
necesitaban contar con al menos 15 mil suscriptores dispuestos a pagar cinco
euros mensuales. Esta meta fue superada al poco tiempo de arrancar pues ya en
junio del año pasado contaban con 16 mil suscriptores.
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Rogelio Vega
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3/07/2015
Contenidos éticos de la profesión periodística
Se habla de una nueva modalidad de
periodismo a la que se denomina periodismo ciudadano y que no es otra cosa que
la capacidad que tiene cualquier persona de generar contenidos “noticiosos” y
ponerlos a disposición de la comunidad gracias a las tecnologías de la
información que ahora son accesibles a cualquiera que disponga de un teléfono
celular con conexión a Internet. Ante
esta realidad muchos se han preguntado si la profesión periodística está
perdiendo relevancia social o, algunos más audaces, han llegado a decir que
estamos llegando al final de esa profesión frente al nacimiento de una nueva
generación de periodistas ciudadanos.
Antes de aventurarnos a dar una
respuesta al cuestionamiento anterior y partiendo de la premisa de que
efectivamente el quehacer periodístico está teniendo un cambio con la irrupción
de las nuevas tecnologías habría que considerar si el periodista profesional
tiene alguna cualificación adicional que aportar en su tarea informativa frente
al ciudadano común y corriente de cara a que la sociedad esté mejor informada y
se respeten los principios de libertad de expresión y derecho a la información.
El artículo sexto de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos recoge que toda persona tiene derecho al libre acceso a información plural y
oportuna, así como a buscar recibir y difundir información e ideas de toda
índole por cualquier medio de expresión. Este derecho constitucional lleva
anejo el derecho a recibir no sólo información oportuna sino también veraz y
confiable y es aquí dónde el informante desempeña un papel importante de
mediación entre la realidad y la ciudadanía. Cualquier persona generadora de
opinión pública, sea periodista o periodista ciudadano, debe ser consciente de
su responsabilidad frente a la comunidad a la que se dirige pues la información
que transmite genera opinión e influye en la vida social.
Más allá de lo que suceda con los
periodistas ciudadanos, quisiera centrar el resto de este escrito a hablar
sobre la manera como los periodistas profesionales buscan garantizar la mayor
objetividad posible -dentro de la natural subjetividad de cada uno-, al público
receptor. Pensar que el trabajo periodístico no tiene reglas o limitaciones es
desconocer la naturaleza misma del oficio que suele estar autorregulado por
códigos de ética elaborados por los colegios de periodistas o por los propios
medios.
Entre las
funciones que tienen los códigos éticos encontramos en primer lugar que los
medios sean más conscientes de su responsabilidad ética; establecer de forma
pública las normas y valores éticos que guían la actividad de los medios
y de los periodistas así como contribuir a que se den las condiciones,
laborales, profesionales y sociales, que hagan posible el cumplimiento normal
de las exigencias éticas y deontológicas
propias de la comunicación por mencionar las más significativas.
Cuando los códigos éticos son conocidos
por todos, la opinión pública puede hacer una valoración objetiva del
cumplimiento de los mismos por parte de los periodistas y los medios. Esta
evaluación la puede hacer de manera individual o por medio de los llamados
defensores de audiencias u “ombudsman” previstos por algunas legislaciones.
Entre la gran diversidad de códigos y
principios éticos que regulan la actividad periodística encontramos temáticas
generales comunes a la mayoría de ellos:
·
Respeto a la dignidad humana.
·
Derecho a la libertad de expresión.
·
Derecho a recoger, recibir y transmitir noticias
veraces y opiniones honestas.
·
Derecho de réplica.
·
Derecho a la intimidad
·
Derecho a la honra y buena reputación
·
Cuidado especial de los menores y personas
vulnerables.
El derecho de réplica garantiza que a
petición de las personas afectadas, se rectifique por los medios de
comunicación, con el tratamiento informativo adecuado de manera automática y
rápida, la información y las opiniones que sean falsas o erróneas. La
legislación, por su lado debería prever sanciones adecuadas y, si fuera
necesario, indemnizaciones por los daños causados.
El derecho a intimidad queda recogido
en el Art. 12 Declaración Universal de los derechos humanos donde dice que nadie será objeto de injerencias arbitrarias
en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de
ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la
protección de la ley contra tales injerencias o ataques.
Respecto al cuidado de los menores y teniendo
en cuenta la especial influencia de los medios de comunicación -fundamentalmente
la TV- se debe evitar la difusión de programas, mensajes o imágenes relativas a la exaltación de la
violencia, el sexo y el consumo y empleo de un lenguaje deliberadamente
inadecuado. También debe evitarse consignar los nombres e imágenes de niños o
adolescentes involucrados en actos criminales, ni siquiera por su nombre de
pila, alias o apodo. En algunos países esto está estipulado explícitamente en
la ley como es el caso de México en los artículos 76 a 78 de la Ley General de
los derechos de niñas, niños y adolescentes.
El periodista profesional asume algunos
compromisos frente a la sociedad a la que informa. En diversos códigos que
regulan la actividad del periodista se recogen aspectos como los siguientes:
1. El periodista es responsable frente al público a
quien debe considerar como ciudadano y no como cliente.
2. Su responsabilidad social comienza con su
comportamiento personal.
3. Debe respetar los valores universales y la diversidad de las
culturas por lo cual ha de rechazar cualquier tipo de discriminación por razón
de cultura, sexo o religión.
4. Debe rectificar cuando se equivoca.
5. Ha
de mantener el rigor y precisión en el manejo de datos.
6. Debe tutelar el secreto de sus fuentes cuando estas
así lo han solicitado.
7. Debe abstenerse de hacer juicios de valor sobre las
personas o instituciones antes de que éstas sean juzgadas por la autoridad
competente.
8. Debe oponerse a la violencia y al lenguaje del odio
y del enfrentamiento.
9. Debe obtener la información por medios legales y éticos.
10. Debe respetar el derecho de las personas a tener
una vida privada.
Por su parte los propietarios de los
medios de comunicación y empresas informativas
también tienen compromisos y códigos de actuación que deben cuidar según
se estipula en algunos códigos éticos:
·
Asegurar los derechos de libertad de expresión de
los periodistas y derecho a la información de la ciudadanía poniéndola por encima
de los propios intereses, evitando presiones internas y la censura previa.
·
Debe existir transparencia en materia de
propiedad y gestión de los medios de comunicación.
·
Como una manera de asegurar la calidad e
independencia del trabajo periodístico deben garantizar un salario y unas
condiciones, medios de trabajo e instrumentos adecuados.
·
Deben crearse organismos o mecanismos de
autorregulación.
La transparencia en materia de
propiedad posibilita el conocimiento claro de los ciudadanos sobre la identidad
de los propietarios y del nivel de su participación económica en los medios de
comunicación.
Los organismos de autorregulación
podrán estar integrados por editores, periodistas, asociaciones de ciudadanos
usuarios de la comunicación, académicos y autoridades públicas. Labor de ellos será
emitir resoluciones sobre el cumplimiento de los principios deontológicos que
los medios deberán hacer públicas.
Los códigos éticos que regulan la
actividad periodística en Europa han comenzado al término de la primera guerra
mundial para luego reproducirse ampliamente. Entre los más significativos que
pueden mencionarse se encuentran: El código deontológico del Sindicato Nacional
de Periodistas o "carta de conducta profesional" aparecido en Francia en 1918; En el documento "Standards
of practice of the British Association of Trade and Technical Journal"
aparecido en Inglaterra el mismo año se recogen algunos principios para
periodistas; el código de honor del Sindicato de Periodistas en Francia
publicado en 1935; el Código de
ética periodística belga de 1951; el "Código de ética profesional del
periodista alemán" aprobado por el
Consejo Nacional de Prensa en 1958; la "Carta de los deberes de los
periodistas" publicada el 8 de julio de 1993 en Italia y el Código Europeo
de deontología del periodismo, aprobado por la Asamblea Parlamentaria del
Consejo de Europa el 1 de julio de 1993.
¿Qué elementos comunes encontramos en
los diversos códigos éticos europeos?
·
Respeto a la verdad
·
La objetividad
·
La exactitud
·
La precisión de la información
·
Rechazo a la manipulación de la información
Otros principios éticos incluidos y
análizados en algunos de los códigos
deontológicos europeos y americanos son los siguientes:
·
Plagio
·
Distorsión maliciosa
·
Calumnia
·
Injuria
·
Acusaciones infundadas
·
Libelo
·
Aceptación de sobornos en cualquier forma por
publicar o suprimir determinada información
·
Robo de informaciones por parte del periodista
·
Necesidad de conseguir la información por
métodos lícitos
El uso de las plataformas tecnológicas
también está incluido en las normas éticas recogidas por algunos códigos. Por
poner un ejemplo, el Código
de Ética periodística en Uruguay incluye algunas cláusulas en sus artículos:
45.
Los periodistas harán uso de las redes social y las nuevas tecnologías en
general con atención a las mismas recomendaciones de ética profesional
enunciadas en el presente código respecto a los medios tradicionales.
49.
Se recomienda no responder a insultos o provocaciones en foros virtuales o
contestar de manera violenta o denigrante a mensajes que cuestionan el
desempeño del periodista o al medio en el que trabaja, a fin de preservar su
prestigio.
50.
Los periodistas deben promover la permanente capacitación en nuevas tecnologías
de la información, a fin de lograr una mejor interacción con las audiencias y
al mismo tiempo una discusión sobre los dilemas éticos de su utilización.
En México puede resaltarse el Código de
Ética de El Universal por las características peculiares con las que regula
el secreto profesional ya que el uso de fuentes confidenciales queda reservado
para casos extraordinarios. Antes de publicar una información de esta naturaleza, los periodistas
de "El Universal" se empeñan, por todos los medios a su alcance, en
obtenerla a través de una fuente identificable. Cuando una fuente deba permanecer sin identificar, el diario explicará
las razones a los lectores. El editor responsable
conocerá, por medio del periodista, la identidad de la fuente antes de la
publicación, y tiene la obligación de mantenerla en reserva. El
libro Códigos de ética periodística en
México de Omar Raúl Martínez recoge una buena colección de los códigos
mexicanos para aquellos que deseen profundizar más en este tema.
Como puede verse, y a manera de
conclusión, el trabajo periodístico no consiste únicamente en transmitir
información de cualquier modo, requiere una preparación específica, un criterio
ético y asumir una responsabilidad personal frente a la sociedad a la que se
informa. No dudo que todas estas cualidades las puedan adquirir los llamados
periodistas ciudadanos pero, lo que me queda claro es que no cualquier
ciudadano puede llegar a ser un verdadero periodista.
Publicado por
Rogelio Vega
en
14:00
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