Panoptismo[1]
Por Rogelio Vega
Focault
comienza el capítulo hablando sobre las medidas que eran adoptadas cuando se
declaraba la peste en una ciudad. Le llaman la atención los estrictos controles
con lo que la autoridad sometía a la población y piensa que se trata de un
control perfecto pero difícilmente replicable en situaciones ordinarias. Con el
brote de peste, la ciudad se convierte en “un espacio cerrado, recortado,
vigilado en todos los puntos, en el que los individuos están insertos en un
lugar fijo, en el que los menores movimientos se hallan controlados, en el que
todos los acontecimientos están registrados, en el que un trabajo de escritura
ininterrumpido une el centro y la periferia, en el que el poder se ejerce por
entero de acuerdo a una figura jerárquica continua , en el que cada individuo
está constantemente localizado,
examinado y distribuido entre los vivos , los enfermos y los muertos, todo esto
constituye un modelo disciplinario”.
El autor
francés afirma que el sistema arquitectónico penitenciario panóptico
desarrollado por el inglés Jeremy Benthan permite ejercer un control similar al
que es ejercido en tiempos de peste. El principio panóptico es conocido: “en la
periferia, una construcción en forma de anillo; en el centro, una torre con anchas
ventanas que se abren en la cara interior del anillo. La construcción
periférica está dividida en celdas, cada
una de ellas de las cuales atraviesa todo el ancho de la construcción. Tienen
dos ventanas, una hacia el interior, correspondiente a las ventas de la torre,
y otra hacia el exterior, que permite
que la luz atraviese la celda de lado a lado. Basta entonces situar un
vigilante en la torre central y encerrar en cada celda a un loco, un enfermo,
un condenado, un obrero o un escolar.
Por el efecto de contraluz, se pueden percibir desde la torre,
recortándose perfectamente sobre la luz, las pequeñas siluetas cautivas en las
celdas de la periferia. Tantos pequeños teatros como celdas, en los que cada
actor está solo, perfectamente individualizado y constantemente visible. El
dispositivo panóptico dispone de
unidades espaciales que permiten ver sin cesar y reconocer inmediatamente”.
La
disposición de las ventanas de la torre de vigilancia permite que el sistema
funcione ya que desde fuera no pueden ser observados los movimientos del
vigilante. La persona que se encuentra encerrada sabe que puede ser vista
aunque no sabe exactamente en que momento.
Focault afirma que “Bentham ha sentado el principio de que el poder
debía ser visible e inverificable” (…)
el que está sometido a un campo de visibilidad, y que sabe que lo está,
reproduce por su cuenta las coacciones del poder; las pone en juego
espontáneamente sobre sí mismo; inscribe en sí la relación de poder en la cual
juega simultáneamente los dos papeles; se convierte en el principio de su
propio sometimiento”. Las personas
terminan comportándose por si mismas de la forma que el vigilante espera sin
necesidad, muchas veces, de que haya vigilante.
Debido a que
las personas en las celdas están aisladas unas de otras y se saben vigiladas,
es posible utilizar este mismo tipo de diseño como laboratorio de pruebas en el
que se pueden asignar distintas terapias, métodos de trabajo, castigos,
procesos de enseñanza, etc sin temor a que las actuaciones se vean viciadas por
la imitación de los demás. El que mira desde la torre puede registrar los
distintos resultados obtenidos bajo diferentes estímulos. La estructura panóptica obtiene resultados
tanto para presos como para enfermos (mentales), chicos en proceso de educación,
obreros y también en la sociedad.
Focault habla
de que la escuela, la iglesia y la policía son herramientas de poder que actúan
de manera similar a la torre de vigilancia dentro del contexto social y que
hacen que los ciudadanos, al saberse observados constantemente, se comporten de
la misma forma que lo harían si estuvieran sometidos a estrictos controles
(como los que se ejercían cuando aparecía la peste en una ciudad) sin necesidad
de tanto montaje. Saber que existe un cuerpo de policía que vigila de manera
constante o que el comportamiento familiar quedará descubierto en la escuela o
la Iglesia, hace que los ciudadanos se porten bien.
El sistema
panóptico aplicado a la sociedad garantiza economía (pocas personas pueden
vigilar a muchas); eficacia (previene muchos comportamientos indeseables);
funcionamiento continuo (la población se siente observada permanentemente) y
mecanismos automáticos (la gente se comporta bien).
El sistema
garantiza que no habrá abusos por parte de la autoridad pues, los que ejercen
la vigilancia, al ser pocos y estar en un punto visible, pueden estar también
sometidos a vigilancia por la autoridad superior. “De hecho, toda institución
panóptica, así sea tan cuidadosamente
cerrada como una penitenciaría, podrá sin dificultad estar sometida a
esas inspecciones, a la vez aleatorias e incesantes; y esto no sólo de parte de
los inspectores designados sino de parte del público. (…) No hay peligro, por
consiguiente, de que el aumento de poder debido a la máquina panóptica pueda
degenerar en tiranía”.
“El
panoptismo es el principio general de una nueva “anatomía política” cuyo
objetivo y fin no son la relación de soberanía sino las relaciones de
disciplina”. Se trata de lo que Focault llama la “disciplina-mecanismo: un
dispositivo funcional que deber mejorar el ejercicio del poder volviéndolo más
rápido, más ligero, más eficaz, un diseño de las coerciones sutiles para una
sociedad futura”, un mecanismo de presencia omnipresente pero invisible.
[1] Tomado del capítulo 7 del
libro Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión de Michael Focault. Siglo
XXI Editores, Madrid 2009.

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