Habría que comenzar diciendo que
la pregunta que se hace no es limitativa para la TV sino, en general, podría aplicarse
a cualquier otro medio de comunicación. Sin embargo, al ser la televisión un medio
de alta penetración social, parece que vale la pena tratarla de modo
independiente.
Para responder a estas interrogantes
parece necesario hacer otras tres preguntas que permitan establecer un marco
referencial: ¿Cuál es el motivo por el que a los grupos de poder les interesa
la TV?; ¿Por qué a un canal televisivo le puede interesar acercarse a los
grupos de poder? y finalmente, ¿Cuándo
puede dejar de interesar a un canal de TV un grupo de poder de tal manera que
busque cambiar el stablishment?
La respuesta a la primera
pregunta sobre el motivo por el cual al stablishment
le interesa mantener una relación favorable con la TV nos lleva a pensar en el
nivel de audiencia que ésta tiene. Estudios de INEGI de 2013 recogen que el
94.9% de los hogares mexicanos tienen TV mientras que sólo el 30.7% cuentan con
conexión a Internet. La radio, que se encuentra en segundo lugar de penetración,
en 2014 llegaba al 73.3% de los hogares mexicanos.
Tener acceso a la prácticamente
totalidad de los hogares de nuestro país coloca a las televisoras en la
posibilidad de generar opinión pública –favorable o desfavorable– respecto a la
situación del país y de los grupos de poder o influencia. No podemos olvidar
que eso que suele llamarse “opinión pública” muchas veces
sólo es la opinión de pocas personas que teniendo el canal de transmisión y la
posibilidad de repetir la misma idea una y otra vez llega a convertirse en vox populi. Por mimetismo la gente
termina hablando de lo que lee en la prensa, de lo que ve en televisión y oye
por la radio.
Noelle
Newman define en algún momento a la opinión pública como aquellas “opiniones
sobre temas controvertidos que pueden expresarse en público sin aislarse”. Para
la autora de La Espiral del Silencio,
los seres humanos ordinariamente no estamos dispuestos a pagar el precio de
pensar diferente y, como consecuencia, aislarnos del resto de nuestros
congéneres. Nuestras opiniones muchas veces se adaptan a la opinión de la mayoría
o a lo políticamente correcto. González Quirós en Repensar la Cultura expresa esta idea de una forma similar cuando
dice que “hay una tendencia bastante natural a pensar que lo que es verdad es
aquello en lo que coinciden muchos, todos idealmente, porque, esencialmente, la
verdad es un lugar de encuentro”. ¿Quién define lo políticamente correcto, lo
que la gente “debe” pensar y en lo cual ha de coincidir? Sin duda quien tiene
capacidad de repetir mensajes una y otra vez de manera convincente y cuenta con
acceso a un gran número de personas: quien maneja “la lógica del raiting” como diría Jenaro Villamil.
Responder a la segunda pregunta
nos lleva a analizar el modelo de negocio que prevalece detrás de un canal de
televisión cuyos fines son prevalentemente económicos y dejan utilidades a sus accionistas.
Los grupos de poder, por su parte,
pueden otorgar beneficios de diversa índole a los grupos televisivos los cuales
les permiten obtener ventajas y mejores resultados económicos. No podemos dejar
de considerar que entre los grandes millonarios del mundo y del país encontramos
nombres y apellidos vinculados al mundo de la comunicación y de la televisión
tales como Robert Murdoch, dueño de Fox o, en nuestro país, las familias
Azcárraga y Salinas propietarias de Televisa y TV Azteca respectivamente.
A los grupos de poder de un país
les interesa que la opinión pública les sea favorable y están dispuestos a
pagar a las televisoras por spots de sus campañas políticas, de los resultados
obtenidos durante un periodo de tiempo o la difusión de mensajes que les
resultan oportunos para conseguirlo. Si la televisora accede a privilegios de
parte de los grupos dominantes y recibe grandes sumas económicas difícilmente estará
dispuesta a pronunciarse negativamente de ellos perdiendo así todos esos
beneficios, por eso será difícil que tome la iniciativa de promover un cambio.
La tercera pregunta resulta
oportuna ya que podrían presentarse
circunstancias que orillaran a una televisora a comenzar a inclinar la balanza
hacia un cambio en el stablishment
cuando:
·
La
televisora pudiera sentirse amenazada en sus intereses. La experiencia nos dice
que no hay animal más peligroso que aquel que se siente acorralado.
·
Exista
una mayor conveniencia económica ya sea porque la conformación de un nuevo stablishment pudiera redituar mejores
condiciones para la televisora o bien por compromisos adquiridos con algunos
grupos con los que se tienen lealtades pactadas que aportan buenos dividendos.
Un ejemplo de este segundo caso es presentado en la película “La Dictadura
Perfecta” dirigida por Luis Estrada en la que se pretende mostrar la forma como
la TV puede aliarse al stablishment y
perpetuarlo o cambiarlo de manos.
·
Los
directivos de la televisora aspiraran a establecerse como actores de gobierno o
pretendieran impulsar a alguien;
·
Existen
principios ideológicos contrarios al stablishment.
Aunque en principio cabría esta posibilidad no parece muy frecuente que sean los
ideales los que mueven a los grandes empresarios de la industria televisiva.
El establishment hace referencia a grupos
de poder existentes en cada época. Las televisoras brindan apoyo a estos grupos
generando opinión pública y reciben a cambio privilegios y beneficios
económicos. Mientras esos privilegios son rentables para las empresas,
difícilmente promoverán un cambio. La experiencia histórica nos indica que esos
grupos de poder están en constante evolución y transformación: cambian de
tiempo en tiempo adecuándose a los intereses sociales, culturales y, sobre
todo, políticos del momento con la ayuda de los grupos de poder mediático los
cuales, en ciertas circunstancias, inclinan la opinión pública para exigir un
cambio.