5/29/2015

¿Está destinada la TV a perpetuar el stablishment? ¿En qué escenarios, contexto y con qué incentivos la TV podría ser una herramienta para provocar cambios?



Habría que comenzar diciendo que la pregunta que se hace no es limitativa para la TV sino, en general, podría aplicarse a cualquier otro medio de comunicación. Sin embargo, al ser la televisión un medio de alta penetración social, parece que vale la pena tratarla de modo independiente.

Para responder a estas interrogantes parece necesario hacer otras tres preguntas que permitan establecer un marco referencial: ¿Cuál es el motivo por el que a los grupos de poder les interesa la TV?; ¿Por qué a un canal televisivo le puede interesar acercarse a los grupos de poder? y finalmente,  ¿Cuándo puede dejar de interesar a un canal de TV un grupo de poder de tal manera que busque cambiar el stablishment?

La respuesta a la primera pregunta sobre el motivo por el cual al stablishment le interesa mantener una relación favorable con la TV nos lleva a pensar en el nivel de audiencia que ésta tiene. Estudios de INEGI de 2013 recogen que el 94.9% de los hogares mexicanos tienen TV mientras que sólo el 30.7% cuentan con conexión a Internet. La radio, que se encuentra en segundo lugar de penetración, en 2014 llegaba al  73.3% de los hogares mexicanos.

Tener acceso a la prácticamente totalidad de los hogares de nuestro país coloca a las televisoras en la posibilidad de generar opinión pública –favorable o desfavorable– respecto a la situación del país y de los grupos de poder o influencia. No podemos olvidar que eso que suele llamarse “opinión pública” muchas veces sólo es la opinión de pocas personas que teniendo el canal de transmisión y la posibilidad de repetir la misma idea una y otra vez llega a convertirse en vox populi. Por mimetismo la gente termina hablando de lo que lee en la prensa, de lo que ve en televisión y oye por la radio. Noelle Newman define en algún momento a la opinión pública como aquellas “opiniones sobre temas controvertidos que pueden expresarse en público sin aislarse”. Para la autora de La Espiral del Silencio, los seres humanos ordinariamente no estamos dispuestos a pagar el precio de pensar diferente y, como consecuencia, aislarnos del resto de nuestros congéneres. Nuestras opiniones muchas veces se adaptan a la opinión de la mayoría o a lo políticamente correcto. González Quirós en Repensar la Cultura expresa esta idea de una forma similar cuando dice que “hay una tendencia bastante natural a pensar que lo que es verdad es aquello en lo que coinciden muchos, todos idealmente, porque, esencialmente, la verdad es un lugar de encuentro”. ¿Quién define lo políticamente correcto, lo que la gente “debe” pensar y en lo cual ha de coincidir? Sin duda quien tiene capacidad de repetir mensajes una y otra vez de manera convincente y cuenta con acceso a un gran número de personas: quien maneja “la lógica del raiting” como diría Jenaro Villamil.

Responder a la segunda pregunta nos lleva a analizar el modelo de negocio que prevalece detrás de un canal de televisión cuyos fines son prevalentemente económicos y dejan utilidades a sus accionistas.  Los grupos de poder, por su parte, pueden otorgar beneficios de diversa índole a los grupos televisivos los cuales les permiten obtener ventajas y mejores resultados económicos. No podemos dejar de considerar que entre los grandes millonarios del mundo y del país encontramos nombres y apellidos vinculados al mundo de la comunicación y de la televisión tales como Robert Murdoch, dueño de Fox o, en nuestro país, las familias Azcárraga y Salinas propietarias de Televisa y TV Azteca respectivamente.

A los grupos de poder de un país les interesa que la opinión pública les sea favorable y están dispuestos a pagar a las televisoras por spots de sus campañas políticas, de los resultados obtenidos durante un periodo de tiempo o la difusión de mensajes que les resultan oportunos para conseguirlo. Si la televisora accede a privilegios de parte de los grupos dominantes y recibe grandes sumas económicas difícilmente estará dispuesta a pronunciarse negativamente de ellos perdiendo así todos esos beneficios, por eso será difícil que tome la iniciativa de promover un  cambio.

La tercera pregunta resulta oportuna  ya que podrían presentarse circunstancias que orillaran a una televisora a comenzar a inclinar la balanza hacia un cambio en el stablishment cuando:
·         La televisora pudiera sentirse amenazada en sus intereses. La experiencia nos dice que no hay animal más peligroso que aquel que se siente acorralado.

·         Exista una mayor conveniencia económica ya sea porque la conformación de un nuevo stablishment pudiera redituar mejores condiciones para la televisora o bien por compromisos adquiridos con algunos grupos con los que se tienen lealtades pactadas que aportan buenos dividendos. Un ejemplo de este segundo caso es presentado en la película “La Dictadura Perfecta” dirigida por Luis Estrada en la que se pretende mostrar la forma como la TV puede aliarse al stablishment y perpetuarlo o cambiarlo de manos.

·         Los directivos de la televisora aspiraran a establecerse como actores de gobierno o pretendieran impulsar a alguien;

·         Existen principios ideológicos contrarios al stablishment. Aunque en principio cabría esta posibilidad no parece muy frecuente que sean los ideales los que mueven a los grandes empresarios de la industria televisiva.

El establishment hace referencia a grupos de poder existentes en cada época. Las televisoras brindan apoyo a estos grupos generando opinión pública y reciben a cambio privilegios y beneficios económicos. Mientras esos privilegios son rentables para las empresas, difícilmente promoverán un cambio. La experiencia histórica nos indica que esos grupos de poder están en constante evolución y transformación: cambian de tiempo en tiempo adecuándose a los intereses sociales, culturales y, sobre todo, políticos del momento con la ayuda de los grupos de poder mediático los cuales, en ciertas circunstancias, inclinan la opinión pública para exigir un cambio.

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