1/17/2016

¿Cómo se vincula la delincuencia internacional con los grupos delincuenciales mexicanos en la frontera norte del país para el tráfico de drogas y armas?

Armas de fuego, corrupción, crímenes de guerra, delincuencia financiera, delincuencia informática, delincuencia organizada, delitos contra el medio ambiente, delitos contra menores, delitos farmacológicos, drogas, integridad en el deporte, investigaciones sobre prófugos, obras de arte, piratería marítima, terrorismo, robo de vehículos, trata de personas, tráfico de productos ilícitos son temas relacionados con las mafias internacionales que investiga la policía internacional (Interpol).
Aunque no se identifican necesariamente con una única organización, entre las principales mafias conocidas internacionalmente encontramos las siguientes: los cárteles mexicanos de la droga; la mafia japonesa YAKUSA; la mafia china; la mafia rusa y la mafia italiana. En algunas zonas los tipos de especialización de las mafias son más característicos, así en América, por ejemplo, existe tráfico principalmente de drogas (cocaína); en Europa de drogas y personas, en la India y China de drogas (Heroína) siendo este último país conocido también como fuente de productos falsificados.  Estas mafias, al contar con grandes cantidades de dinero, son capaces de corromper gobiernos y autoridades; ser poseedoras de armamento y disponer de servicios de inteligencia especializados lo cual les otorga un poderío militar equiparable al de algunos países.
El funcionamiento de las asociaciones mafiosas internacionales requiere, además del mercado o cercanía con él, algunas condiciones externas que faciliten su operación, entre otras, la facilidad de corruptibilidad del sistema policial. México resulta factible y apropiado como base de operaciones tanto por su ubicación como por su estructura policial y guberrnamental. Según el informe de la Interpol, “Organized Counter-Crime Information Sharing System” (ROCCISS), México se ha convertido en lugar de operaciones de al menos 18 organizaciones del crimen internacional, que operan principalmente en la Ciudad de México, Baja California y Cancún.
Las asociaciones delictivas, al igual que las empresas en el mundo comercial, cuando desean abrir nuevos mercados, aprovechar canales de distribución o conseguir insumos que no son de su área de especialización requieren alianzas con socios estratégicos que les permitan operar eficientemente. Quienes tienen mayor conocimiento, contactos o rutas establecidas para acceder u operar en un mercado, resultan especialmente atractivos como socios estratégicos.
Al compartir una frontera de más de tres mil kilómetros con los Estados Unidos,  uno de los mercados más grandes del mundo, México está colocado en un lugar estratégico para el acceso de mercancías hacia ese país. Durante décadas, la delincuencia organizada mexicana ha logrado establecer rutas ilegales de acceso a territorio norteamericano que permiten el tráfico de drogas, personas, armas, etc.
El “Informe mundial sobre las drogas 2015” emitido por la Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito indica que América del Norte, el centro y occidente de Europa y Australia siguen teniendo un alto consumo de cocaína.  Aunque la mayor parte de las drogas que ingresan a territorio norteamericano  provienen de Colombia, Perú y Bolivia, según el  Informe sobre la Estrategia Internacional de Control de Narcóticos[1] (INCSR) del Departamento de Estado de los Estados Unidos, México sigue siendo un importante país de tránsito fuente de drogas ilícitas destinadas a los Estados Unidos. Las mafias sudamericanas que quieren introducir sus mercancías a los Estados Unidos, tienen necesidad de asociarse con las mafias mexicanas que son las que tienen conocimiento y manejo de la zona fronteriza. 
La asociación entre mafias internacionales no se lleva a cabo únicamente para la distribución de los productos que ofrece una asociación delictiva en terrenos de otra sino que también se realiza entre agrupaciones que tienen productos complementarios, tal es el caso de los cárteles de la droga mexicanos y los vendedores de armas en los Estados Unidos.
Según el ranking 2014 del “Stockholm International Peace Research Institute” (SIPRI) Estados Unidos es el principal productor y distribuidor de armas en el mundo, seguido por Rusia.[2] El informe “Células delictivas con presencia en el país” elaborado por la Procuraduría General de la República (PGR) con fecha 25 de marzo de 2013 recoge que en México operan 88 organizaciones criminales vinculadas con el narcotráfico, lo cual genera una alta demanda de armas que, al estar prohibidas en México requieren de proveedores ilegales.
Según datos de la “Washington Office on Latin America” (WOLA), institución para la defensa de los derechos humanos en América Latina, “los carteles mexicanos de la droga obtienen la mayoría de sus armas de Estados Unidos. El setenta por ciento de las armas recuperadas en México e investigadas entre 2007 y 2011 provinieron de Estados Unidos”[3]. Animal Político  publicó que la PGR ha reconocido que de cada 10 armas decomisadas al crimen organizado, entre 8 y 9 provienen de Estados Unidos[4]. Al menos hay 10 mil establecimientos dedicados a la venta de armas en las ciudades fronterizas del sur de los Estados Unidos.
En el país de las libertades cualquier persona que cuente con más de 21 años de edad puede adquirir un arma de fuego, incluso de alto calibre, con apenas unos cuantos requisitos. Esto hace que los traficantes -que sirven de intermediarios entre el vendedor norteamericano y los cárteles mexicanos-, puedan adquirir fácilmente armas en ese país para venderlas en México. El problema no es únicamente para México, en Estados Unidos, con cierta regularidad aparecen noticias de personas que, con un arma, abren fuego a grupos de personas en lugares públicos. Anualmente se registran 30 mil casos de muertes ocasionadas por armas de fuego según dijo el Presidente Obama a principios de enero de 2016 cuando anunció medidas tales como la revisión de antecedentes criminales para regular, de alguna manera, el comercio de armas de fuego en Internet, ferias o tiendas establecidas. El tema en los Estados Unidos es polémico debido a que aquellos que están a favor de la venta de armas argumentan la segunda enmienda constitucional la cual salvaguarda el derecho de cualquier ciudadano para poseer armas.
El armamento adquirido en los Estados Unidos es introducido en México ordinariamente en pequeñas cantidades cada vez: algunas cruzarán por los puentes internacionales ocultas en automóviles, llantas de refacción o revueltas con otros productos; otras lo harán por rutas clandestinas, como túneles o brechas, distribuidas a lo largo de la frontera. Una vez dentro del país las armas siguen diversas rutas, casi siempre coincidentes con las distintas mafias de cárteles mexicanos: una ruta en la costa del Pacifico, otra en la costa del Golfo y, otras más, por el centro del país y los estados de Guerrero y Michoacán. El hecho de que se trate de pequeñas cantidades no significa que sean pocas las armas que se introducen al país cada año, se trata de un negocio estimado en 127 millones de dólares anuales de acuerdo con el análisis conjunto elaborado por la Universidad de San Diego, California, EE.UU., y el Instituto Igarapé de Brasil[5]

Entre los años 2006 y 2011  la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) del gobierno de los Estados Unidos realizó algunas polémicas investigaciones, supuestamente sin el conocimiento del gobierno mexicano. Entre estas operaciones destacó la operación “Fast and Furious” (Rápido y furioso) que buscaba rastrear armas vendidas en Estados Unidos y que posteriormente fueran utilizadas por los grupos delincuenciales en México. La polémica se fundamentaba en lo absurdo que resultaba que el gobierno permitiera que se distribuyeran armas  que posteriormente se utilizarían para violar la ley y matar personas. Oficiales de la operación Rápido y Furioso declararon que la ATF permitió circular alrededor de 1765 armas de fuego durante los 15 meses que duró la investigación; de entre esas armas, 797 fueron posteriormente recuperadas como resultado de alguna actividad criminal llevada a cabo en ambos lados de la frontera[6].  El valor de las transacciones sobre la venta de esas armas se estimó en alrededor de un millón de dólares. La mayoría de estas armas fueron compradas en el área de Phonix en el estado fronterizo de Arizona.
La operación también resultó cuestionada debido a que no obstante que se tenían pruebas de que los mismos compradores adquirían el mismo tipo de armas a los mismos proveedores no había detenidos. Hubo que esperar a que las personas asesinadas con esas armas fueran oficiales norteamericanos para que el proyecto fuera detenido.
Más allá del juicio sobre si el gobierno mexicano estaba enterado o no de estas operaciones el cuestionamiento es qué pasa en un país en el que, según una investigación del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados hay 15 millones de armas en manos de la delincuencia,[7] siendo el Distrito Federal, Guerrero, Morelos, Estado de México, Chihuahua, Nuevo León y Sinaloa los lugares donde más delitos con arma de fuego se cometen.
Como puede verse los grupos delincuenciales internacionales se asocian unos con otros para operar y obtener ganancias. La frontera mexicana con Estados Unidos es un lugar estratégico para la operación de grandes mafias que controlan el acceso y la distribución de todo tipo de mercancías ilegales. México sirve de canal de acceso de la droga y Estados Unidos facilita el armamento necesario para la operación de los cárteles.

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