El pasado 7 de enero, la
capital francesa se convirtió en el ojo del huracán mediático tras el atentado
terrorista del que fue objeto el semanario Charlie
Hebdo tras la publicación de varias viñetas en las que apareció el profeta Mahoma
y que resultaron ofensivas para algunos seguidores de la religión
musulmana. Más allá del juicio que
pudiera hacerse sobre los fundamentalismos y la reacción desproporcionada que
tuvieron al ocasionar la muerte de doce personas, es interesante abordar el
tema de la libertad de expresión. Para
algunos este derecho pareciera ser ilimitado, para otros ese derecho
fundamental debería tener límites frete a otros derechos como el derecho de las
personas a ser respetadas en sus creencias religiosas.
El tema es recurrente y
ha sido también ocasión de análisis en el cine con anterioridad. La película
“El Quinto Poder” (The Fifth State),
con guion de Josh Singer y dirección de Bill Condon estrenada en Estados Unidos
el 11 de octubre de 2013 muestra un dilema que frecuentemente se presenta a los
profesionales de la información sobre el derecho a informar no importando las
consecuencias, la necesidad de hacerlo y el respeto a la vida íntima de las
personas.
La película presenta la
historia, basada en hechos reales, de Julian Assange fundador de WikiLeaks,
quien en julio de 2010 filtró en su conocida red miles de documentos
clasificados que contenían información hasta ese momento desconocida. El guion
deja ver la personalidad del protagonista (quien es interpretado por Benedict
Cumberbatch), un joven que desde temprana edad se ha dedicado al activismo y la
informática. En un momento de su vida se encuentra con Daniel Brühl
(interpretado por Daniel Domscheit-Berg) otro experto informático. Ambos deciden
trabajar juntos en el proyecto WikiLeaks cuya finalidad es hacer del dominio
público información que algunos personajes han mantenido oculta en propio
beneficio. La historia se va complicando conforme van conociendo información
con la que cuentan los departamentos de defensa de varios países y la forma
como han sido tomadas algunas decisiones de seguridad nacional incluyendo
nombre y apellidos de mucha gente.
El dilema del que hemos
hablado se presenta en algún momento del filme: por un lado tenemos la visión
de Julian Assange quien ve la oportunidad de desnudar la corrupción de muchos
políticos y empresarios y por otro lado la visión de Daniel Brühl sobre las
consecuencias que podrían tener las reacciones de los lectores que saliéndose
de control, como fue el caso de los terroristas en París recientemente, podrían
ocasionar daños en gente inocente o generar inestabilidad social. El resto de
la película es historia.
Volver a ver la
película “El Quinto Poder” teniendo
delante los tristes acontecimientos ocurridos en Francia es ocasión para
reflexionar una vez más en el importante tema de los límites a la libertad de
expresión y la responsabilidad social de comunicadores y periodistas.
Si ya viste la película compartenos tu opinión.
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